Se aproxima Lag B´Omer

14/May/2019

por Yair Danielsohn en Aish Latino

Se aproxima Lag B´Omer

¿Qué hay detrás de este enigmático festival? ¿Y por qué
encendemos fogatas?
En Israel, meses antes de la llegada del festival de Lag
B’Omer –el día 33 del Omer, los 49 días que hay entre Pesaj y Shavuot— uno
puede ver a niños y adolescentes llevando a las rastras todo tipo de
combustibles, desde árboles caídos a sillas rotas y colchones viejos. ¿Su
destino? El terreno baldío más cercano, en donde apilan sus “atesoradas
posesiones” hasta alturas imposibles y esperan con mucha ansiedad hasta la
noche de Lag B’Omer, muy posiblemente su noche favorita del año, en la que
convierten estas pilas de desechos en enormes fogatas. Pregúntale a cualquiera
para qué son las fogatas, y te dirán que son en celebración de Rabí Shimón bar
Iojai, un gran sabio que vivió y enseñó aproximadamente medio siglo después de
la destrucción del Segundo Templo.
Un Poco de Ambientación
Los primeros 33 días del Omer son observados como un período
de duelo. No nos cortamos el pelo, no celebramos bodas ni escuchamos música
instrumental. ¿De qué se trata el duelo?
Rabí Akiva, el gigante sabio de la Mishná, ejerció una
poderosa influencia sobre los eruditos de Torá de su época, tanto así que llegó
a tener 24.000 discípulos. Los miembros de este grupo de discípulos eran
grandiosos, pero tenían un defecto: Ellos no se demostraban entre sí el amor y
el respeto adecuado. La trágica consecuencia de esta falta fue una epidemia
breve pero catastrófica que cobró la vida de todos estos estudiantes – los
24.000. El período durante el que la epidemia tuvo lugar fue durante los
primeros 32 días del Omer.
Para tener una mejor idea del impacto para la posteridad que
esta tragedia tuvo en el pueblo judío, considera los hechos siguientes: Toda la
Torá que poseemos y estudiamos hoy, con todas sus interpretaciones,
perspectivas, dimensiones y aplicaciones, es la Torá de Rabí Akiva. Si bien la
Torá Oral siempre existió, cada personalidad de Torá que se sumerge a sí misma
en la Torá, le agrega a la Torá su propio entendimiento y sabor, enriqueciendo
de esta forma la Torá que será pasada a la generación siguiente. Como veremos a
continuación, la Torá que tenemos hoy fue transmitida por Rabí Akiva a través
de cinco estudiantes, a quienes les enseñó después de la pérdida de su primer
grupo de 24.000 discípulos.
La Torá que estudiamos hoy en día es infinita. Uno puede
estudiar durante toda la vida y no “terminarla”. Pero no está completa. Hay
áreas y dimensiones enteras de la Torá que no están exploradas
satisfactoriamente, hay mucha discusión y hay muchas áreas de confusión. Todo
esto podría haber sido diferente si hubiésemos recibido toda la Torá de Rabí
Akiva, como fue asimilada e interpretada por 24.000 discípulos, junto con sus
perspectivas y entendimientos únicos. La muerte del primer grupo de estudiantes
resultó esencialmente en que recibimos sólo una fracción de la Torá de Rabí
Akiva. En lugar de su completo engrandecimiento a través de 24.000 seres
humanos grandiosos, sólo tenemos las interpretaciones de cinco.
Estamos haciendo duelo por las dimensiones perdidas de la
Torá.
No lamentamos tan grandiosamente las vidas que fueron
truncadas, después de todo, ¡hoy no hubiesen estado vivos incluso si hubiesen
tenido vidas largas! En cambio, lo que lamentamos es la pérdida de dimensiones
de la Torá, la pérdida de mundos de Torá. Hacemos duelo por nuestra incapacidad
de conectarnos completamente con la Torá, algo que fue originado por esa
pérdida.
Necesidad de Unos a Otros
Es importante destacar que la muerte del primer grupo de
estudiantes fue el resultado de la falta de amor y respeto entre ellos. La Torá
Oral sólo puede existir a causa de su continua absorción e incorporación de
nuevas perspectivas, interpretaciones y aplicaciones. Estos nuevos
descubrimientos son únicamente de quienes los descubren, pero luego se
convierten en el legado de todo el pueblo judío. La Torá sólo se completa
cuando es mejorada por cada uno de los judíos. Ningún judío puede por sí mismo,
sin importar lo listo, talentoso o avanzado que sea, alcanzar la totalidad de
la Torá. Por lo tanto, un prerrequisito para conectarse completamente con la
Torá es la capacidad de apreciar la contribución del otro. Así como establecen
nuestros sabios: “¿Quién es sabio?” Y responden: “Quien aprende de todas las
personas” (Ética de los Padres, 4:1).
El día 33 del Omer significó un nuevo período en la vida de
Rabí Akiva. Murieron sus primeros discípulos, y estableció un nuevo grupo para
su legado. Este grupo consistió de cinco sabios. Sus nombres fueron Rabí Meir,
Rabí Yehudá, Rabí Eleazar, Rabí Nejemia y Rabí Shimón bar Iojai. Todos estos
nombres son familiares para cualquier estudiante de Mishná o Talmud, pero el
más prominente entre ellos es el sabio Rabí Shimón, sobre quien aprenderemos
más a continuación (Hay una opinión que dice que Rabí Shimón murió, más
adelante, en el día 33 del Omer, y que por lo tanto celebramos su memoria ese
día).
Si estos cinco estudiantes nuevos pudieron sobrevivir y
mantener viva la cadena, tiene que haber habido una diferencia cualitativa
entre ellos y los primeros discípulos de Rabí Akiva. Si el primer grupo falló
en sus relaciones interpersonales, el segundo grupo aparentemente pudo
rectificar ese defecto. Al igual que lamentamos las dimensiones de Torá que se
perdieron debido a la falta de apreciación de los unos por los otros, también
debemos celebrar las dimensiones ganadas que fueron posibles gracias a la devoción
de los unos por los otros.
Todo esto ocurrió específicamente durante el Omer, el
período que conduce a nuestra celebración de la recepción de la Torá en el
Monte Sinaí. Esto se debe a que “prepararnos para recibir la Torá” tiene que
ver principalmente con la integración del pueblo judío. Dios no me dio la Torá
a mí, ni a ti ni a ningún otro individuo. Se la dio al pueblo judío como un
todo. Quien no puede ubicarse dentro del contexto del pueblo judío no puede
conectarse con el regalo divino de la Torá.
Entonces, en un nivel más profundo, lamentamos esa parte de
nosotros mismos que se rehúsa a reconocer el hecho de que otra persona pueda
tener algo valioso para aportar a nuestras vidas o a nuestro entendimiento de
la Torá. Una vez que hayamos internalizado la profundidad de la destrucción que
esta tendencia negativa nos causa, estaremos listos para comenzar de nuevo con
una fresca consciencia de la grandeza de nuestros pares y conocidos. En ese
momento estaremos listos para celebrar nuestra integración en la totalidad del
pueblo judío y para utilizar esa completitud como base para entender la Torá.
En adición, estaremos listos para celebrar el
restablecimiento del legado de Rabí Akiva, que es lo que nos sustenta en
nuestro compromiso con el estudio de Torá y con su observancia hasta este día.
Rabí Akiva estaba destinado a ser el hombre que transmitiría la Torá para la
posteridad. De no haber sido por este restablecimiento, no habría Torá.
Rabí Shimón bar Iojai
Es significativo que fue Rabí Shimón, el discípulo más
prominente de Rabí Akiva, quien aseguró la inmortalidad de la cadena de
transmisión de la Torá Oral. En una discusión registrada en el Talmud (Shabat
138a), unos sabios mencionaron la opinión de que la Torá estaba destinada a ser
olvidada. Rabí Shimón dijo: “¡Dios no quiera que la Torá sea olvidada alguna
vez!” Respaldó su opinión con un versículo de la Torá: “Porque (la Torá) no
será olvidada de la boca de la progenie de los judíos” (Hasta hoy en día, los
visitantes de la tumba de Rabí Shimón, ubicada en medio de las imponentes
montañas del norte israelí, son recibidos por este mismo versículo pintado en
la entrada del edificio conmemorativo).
Como relata el Talmud (Gitin 67a), Rabí Shimón fue el
miembro del grupo que mejor internalizó las lecciones de su gran mentor. Fue
él, con sus enseñanzas, quien reveló las profundidades internas de la Torá y
destrabó los secretos de sus dimensiones más profundas. Estas enseñanzas
sirvieron posteriormente como la base del Zohar, el principal libro de cábala,
es decir de los aspectos ocultos de la Torá.
Una vez, cuando los estudiantes de Rabí Shimón se reunieron
frente a él para una lección, su mentor notó el buen humor entre ellos y la
ausencia de tensiones. Luego remarcó: “Es porque mantienen una atmósfera de
amor y hermandad que han ameritado ser los participantes en la revelación de
los secretos de la Torá”. Por medio de su amor y preocupación por los demás
alcanzaron un nivel de unidad que les dio un enorme poder para penetrar en las
profundidades de los ámbitos internos de la Torá.
Lag B’Omer es un tiempo para reforzar nuestra unidad,
específicamente mientras nos esforzamos en alcanzar las máximas profundidades
de la Torá, y un tiempo para desarrollar una apreciación de que el estudio de
Torá –y todo el servicio Divino— es un esfuerzo conjunto. Cuanto más aprendamos
a apreciar esto, más los manantiales de la Torá –y nuestras propias almas— se
abrirán para nosotros.
Volviendo a las fogatas, el libro que presenta
sistemáticamente las enseñanzas de Rabí Shimón es llamado el Zohar. “Zohar”
significa “brillo” o “luminiscencia”. El libro es llamado así porque sus
enseñanzas iluminan la oscuridad y la confusión de este mundo y sirven como un
faro con el cual navegar por las vicisitudes de la vida. Y el Zohar se refiere
al mismo Rabí Shimón como “Botzina Kadisha”, o la “Lámpara Sagrada”. En Lag
B’Omer, honramos su memoria encendiendo velas o fogatas, simbolizando la luz
provista por el eterno fuego de la Torá, y en particular de sus dimensiones
internas, que fueron reveladas por Rabí Shimón.